martes, 28 de julio de 2015

Serge Latouche: "La gente feliz no suele consumir"

Publicado en Tu nueva información

La afirmación del titular la hace este célebre pensador francés catedrático de Economía en la Universidad París-Sud y una de las voces mundiales del llamado movimiento por el “decrecimiento”. Latouche propone vivir mejor con menos y alerta de que el actual ritmo de crecimiento económico mundial es tan insostenible como el deterioro y la falta de recursos en el planeta. Su movimiento también se alínea con la ecología.
"Vivimos fagocitados por la economía de la acumulación que conlleva la frustración y querer lo que no tenemos ni necesitamos". Se ha referido en muchas ocasiones a la concesión por parte de los bancos de créditos al consumo a personas sin sueldo y patrimonio siendo el inicio de la crisis económica mundial y ha asegurado tajantemente que "la gente feliz no suele consumir". Aboga por trabajar menos y producir de forma inteligente así como repartir el empleo y cultivar más la vida.
Estas cuestiones quedaron muy bien ilustradas con el ejemplo que puso- en un colegio mayor de Pamplona, donde dio una interesante charla hace dos años, y propuso entre otras muchas cosas la sencilla idea de “producir cerca de donde se vive y de forma ecológica” para evitar lo que él mismo presencia en la localidad donde vive y es que por cualquier puesto fronterizo entre España y Francia circulen hasta 4.000 camiones a la semana "con tomates de Andalucía cruzándose con tomates holandeses".
Con un gran sentido del humor alaba el estoicismo representado en España por Séneca: "No se obtiene la felicidad si no podemos limitar nuestros deseos y necesidades".

El profesor propugna la sobriedad en la vida

El economista se basa en los hechos y las estadísticas que aluden a que “cada año hay más habitantes en el planeta a la vez que disminuyen los recursos, consumir significa producir residuos y se consumen 15 millones de hectáreas de bosque esenciales para la vida". "Y si vivimos a este ritmo –remata-es porque África lo permite".
El profesor Latouche, de 73 años y su movimiento “decrecentista”, que surgió en los años 70 en Francia, donde es un personaje reconocido y relevante, premiado en varias ocasiones, una de ellas con el premio europeo Amalfi de sociología y ciencias sociales, defiende “la sobriedad en la vida y la preservación de los recursos naturales antes de su agotamiento”. Desde su punto de vista no se trata de plantear una involución sino de “acoplar la velocidad de gasto de los recursos naturales con su regeneración” y ha alertado de que “si el decrecimiento que ya estamos experimentando no es controlado las consecuencias serán traumáticas”.
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Dice que el término “decrecimiento” es un eslogan, "una bomba semántica provocada para contrarrestar la intoxicación del llamado desarrollo sostenible", una forma de pensamiento, la sostenibilidad, que propicia pagar por todo, "por ejemplo, en el caso del trigo, obliga a pagar por los excedentes, por su almacenamiento y también hay que pagar por destruir los sobrantes". "Deberíamos hablar de A-crecimiento". Invita el economista a hacer una profunda reflexión sobre nuestro estilo de vida incluso sobre la exhibición de lo superfluo y el enriquecimiento desmesurado. Su voz clama por el equilibrio y el sentido común ante la total incongruencia y el delirante rumbo que ha tomado la economía mundial durante las últimas décadas.
Entre sus libros están La sociedad de la abundancia frugal, Sobrevivir al desarrollo y La hora del decrecimiento.

viernes, 19 de junio de 2015

“La liquidez de Bauman es un modo de tratar la disolución de grandes estructuras que dieron solidez al orden social"

Buscando información sobre uno de los libros de Bauman "El retorno del péndulo" nos encontramos con esta entrevista a Gustavo Dessal publicada en Telam

En El retorno del péndulo, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman y el psicoanalista argentino Gustavo Dessal arman un contrapunto como para pensar cuestiones clave del mundo contemporáneo, teniendo como horizonte el concepto deliquidez del primero articulado a las hipótesis de Sigmund Freud y Jacques Lacan del segundo. En El retorno del péndulo, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman y el psicoanalista argentino Gustavo Dessal arman un contrapunto como para pensar cuestiones clave del mundo contemporáneo, teniendo como horizonte el concepto deliquidez del primero articulado a las hipótesis de Sigmund Freud y Jacques Lacan del segundo.


Publicado por el Fondo de Cultura Económica, el subtítulo rezasobre el psicoanálisis y el futuro del mundo líquido, conceptos que suponen una desarticulación de época o bien la entrada en otra.
 
Bauman nació en Poznan en 1925, es profesor emérito de Sociología en las Universidades de Leeds y de Varsovia; es premio Príncipe de Asturias 2010 y autor de más de una veintena de títulos.
 
Dessal nació en Buenos Aires en 1952, es escritor, miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Es docente del Instituto del Campo Freudiano en España.
 
Esta es la conversación que sostuvo con Télam.
 
T : Para empezar, ¿cómo se produjo tu contacto con Zygmunt Bauman?¿Conocías sus libros?

D : Desde que cayó en mis manos Amor líquido, me convertí en un entusiasta seguidor de la obra de este hombre excepcional. Un sociólogo que escribe como poeta, un tipo auténticamente comprometido con aquello de lo que habla. Hace un par de años Bauman dictó un seminario de verano en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander. Lamentablemente no pude asistir, pero gracias a una persona de mi amistad y confianza pude obtener su correo electrónico para proponerle una entrevista acerca de su relación con la obra de Sigmund Freud, a quien no deja de citar en casi todos sus libros. Para mi sorpresa, su respuesta fue inmediata y positiva, plena de generosidad y confianza en alguien que para él era un completo desconocido. Así se inició un intercambio de correos y de textos. Lo que comenzó siendo una entrevista, se convirtió en un diálogo sobre temas que son objeto de estudio tanto para la sociología como para el psicoanálisis. Y en esa conversación por escrito pudimos encontrar puntos de convergencia.

T : El concepto de lo líquido,  que podría equivaler a la decadencia de la autoridad o de la imago paterna, ¿pensás que Bauman lo inventóorientado por esa misma idea o bien por una ausencia de referencias en el mundo social que desemboca, creo que inevitablemente, en Freud?

D : Me gustaría recordar que aunque el concepto de lo líquido es posiblemente aquello que más se asocia al nombre de Zygmunt Bauman, no es ese su único mérito. Su obra Modernidad y Holocausto, por ejemplo, es posiblemente uno de los tratados más lúcidos sobre el tema del antisemitismo, y al mismo tiempo una anatomía de la relación consustancial entre el progreso científico-técnico y la barbarie. Allí no encontramos aún el concepto de lo líquido. Me dirijo ahora a tu pregunta concreta. Bauman utiliza conceptos y categorías sociológicas y filosóficas, y abreva en las fuentes freudianas. De modo explícito se considera tributario de Emanuel Levinas, y no tiene ningún empacho en reconocer que la obra de Lacan le supone una oscuridad en la que no ha tenido la oportunidad de internarse. Por lo tanto, creo que vincular la declinación de la imago paterna al concepto de liquidez ha sido una hipótesis a la que me he atrevido de forma personal, para ver hasta qué punto era posible encontrar una congruencia entre ambas cosas. La liquidez de Bauman es un modo de tratar la disolución de las grandes estructuras ideológicas que durante siglos dieron forma ysolidez al orden social. La invención lacaniana del Nombre del Padre es algo verdaderamente extraordinario, posiblemente uno de los conceptos más lúcidos desde que Marx revelase la función de la plusvalía y Freud descubriera el inconsciente. Los intelectuales están aún muy lejos de haber percibido su significado. Crear un concepto que arroja una inmensa luz tanto sobre la clínica del ser hablante, como en el campo social e histórico -¡todo eso con un solo significante!- y explicar al mismo tiempo uno de los resortes fundamentales del discurso del amo durante siglos, es a mi entender una auténtica proeza intelectual.

T : Tus intervenciones parecen acomodar o poner en orden los conceptos de principio de realidad y principio de placer, introduciendo la cuestión de la pulsión de muerte y el goce. El libro, entonces, se vuelve, digamos, pesimista. ¿Cómo piensan Bauman y vos este asunto de cara al siglo XXI?
 
D: No querría que los lectores sacaran una conclusión pesimista de este libro, pero sin duda uno no puede evitar todos los posibles deslizamientos y evocaciones que una obra despierta en quien la recibe. Más aún: creo que un autor debe asumir la responsabilidad de todo aquello que suscita en los lectores, aunque ellos le devuelvan un sentido que no había tenido la intención de transmitir. Aquí vale el principio lacaniano de que uno siempre recibe su propio mensaje en forma invertida, por lo tanto no vale el argumento No es eso lo que quería decir. No obstante, me gustaría que el pesimismo de Bauman y el del psicoanálisis de Freud y Lacan no se leyesen como una actitud de derrota frente a la fatalidad de la historia o de la condición humana. Más bien debería interpretarse como un arma de resistencia frente a la perversidad de un optimismo que ha hecho del progreso una profesión de fe. Después de Auschwitz, la confianza ciega en el progreso es una posición obscena, inmoral, a todas luces inaceptable. En ese sentido, prefiero alinearme con el pesimismo, siempre y cuando -insisto- se considere una palanca para seguir avanzando en la lucha por la vida, por la dignidad humana, por los valores que contribuyen a resistir los embates de un sistema que degrada nuestra existencia.

T: André Green piensa que vivir infectado por la pulsión de muerte es complicado. ¿Cuál es tu idea al respecto, en un momento que en vastos sectores del planeta retorna el ama a tu prójimo como a ti mismo?

D: No conozco ese pensamiento de André Green, por lo tanto no me atrevo a opinar sobre eso. Si se refiere a que no es lo único que debemos tomar en cuenta tanto en el aspecto del sujeto individual como colectivo, estoy perfectamente de acuerdo. Freud nos legó su dualismo eros-thanatos, lo cual implica que no podemos ni debemos descuidar el hecho de que la pulsión de muerte no posee una autonomía absoluta. Por supuesto, existen fenómenos clínicos y acontecimientos sociales en los que reconocemos su primacía, su inquietante protagonismo. Pero es un error (y no sé si es eso a lo que André Green tal vez se refiere) que los psicoanalistas nos convirtamos en propagadores del terror intelectual. La pulsión de muerte, en tanto concepto, debe estar al servicio de arrancarnos de la ingenuidad de confiar que el bien es soberano, y que el placer comanda todos nuestros actos. Pero no hay razón para transformarla en un tema morboso. Nadie puede negar la lucidez de Paul Virilio, para tomar un ejemplo, pero sus reflexiones destilan un goce muy particular... ¿Ama a tu prójimo como a tí mismo? Quizás estoy equivocado, pero creo que el imperativo actual es mucho más sencillo de enunciar: Ámate.

T: Creo que es una preocupación común a ambos. Las redes sociales, imposible desconocer sus beneficios. De lo que no se habla demasiado es de sus zonas oscuras: encierro, paranoia, aislamiento, ausencia del cara a cara. En ese sentido, ¿el péndulo tiene retorno, y cuál sería, si lo hubiera porque creo es imposible ignorar a ese nuevo actor?

D: En una conferencia que dictó en Madrid, le escuché decir a Bauman cosas muy afinadas -y por eso divertidas- sobre las redes sociales. Recuerdo que hizo reír a un público de más de trescientas personas cuando dijo que no podía comprender cómo había gente que en Facebook tenía centenares de amigos ( incluso miles), y él en sus 89 años apenas había conseguido juntar unos pocos... Pero su observación más interesante -cada vez más evidente en la clínica actual- es el hecho de que hay mucha gente puede vivir casi solo en el mundo on-line. Esas personas suelen hallar muchas dificultades para moverse en la vida off-line ¡Y eso es absolutamente cierto! No es necesario ponernos en el ejemplo extremo de aquellos sujetos psicóticos que encuentran en el ciberespacio la única posibilidad de alojar algo de su ser (lo cual es una de los tantos beneficios de internet). Cada vez es más habitual, por ejemplo, que las parejas se formen, se seduzcan, se exciten, se peleen y se rompan a través del chat o del mensaje de texto, o el Whatsapp. Comenzamos a darnos cuenta de que las redes sociales y la comunicación virtual (más allá de sus ventajas, que están fuera de cualquier discusión) permiten que la presencia se ausente, si me permites expresarlo de ese modo. Todos los días los analistas recibimos a hombres que ya no se atreven a decir ciertas cosas a las mujeres en vivo y en directo, y se refugian en la protección del chat, la video conferencia, o sistemas semejantes.

T: Al paradigma disciplinario, del control, del espectáculo, se le suma ahora el del   cansancio. El cansancio físico como parte de un cansancioontológico. ¿Cuál es tu posición al respecto, se trata de un nuevo estado de excepción, de un síntoma o de un estado de la época, o de eso todo junto?

D: Es muy interesante tu pregunta, porque me remite a algo misterioso, surgido en los últimos tiempos, y que la medicina ha diagnosticado como síndrome de fatiga crónica. Eso no existía antes, o al menos los casos no eran lo suficientemente numerosos como para justificar una categoría especial. Para el psicoanálisis, un cuadro semejante no es más que algo a interrogar, es decir, que no sabemos a priori lo que vamos a encontrarnos cuando escuchamos a un sujeto que nos habla de eso. Tal vez una psicosis encubierta, o estabilizada en ese fenómeno, tal vez una forma más sofisticada de la histeria clásica. Pero en cualquier caso, no deja de ser muy sugerente que esto se presente con una frecuencia cada vez mayor. Tal vez el cansancio ontológico al que te refieres, sea el efecto secundario de esa liquidez que ha contaminado a la sociedad. La precariedad existencial a la que estamos cada vez más sometidos (pese a las brumas de la felicidad con las que el marketing nos envuelve todos los días), hace la vida muy agotadora de llevar. 

sábado, 23 de mayo de 2015

La enfermedad de estar ocupado

Artículo original: The Disease of Being Busy por Omid Safi. Traducido por Alvin Reyes.

Hace unos vi a una querido amiga. Me detuve para preguntarle qué tal le iba, cómo estaba su familia. Ella miró hacia arriba y en voz baja suspiró: “Estoy muy ocupada… muy ocupada… demasiadas cosas ahora mismo.”
Casi inmediatamente después, me encontré a otro amigo y le pregunté qué tal estaba. De nuevo, con el mismo tono, la misma respuesta: “Estoy muy ocupado, tengo mucho que hacer.”
El tono era cansado, incluso exhausto.
Y no son solo los adultos. Cuando nos mudamos a Carolina del Norte hace diez años, estábamos excitados por mudarnos a una ciudad con buenos colegios. Encontramos un vecindario muy diverso con muchas familias. Todo se sentía bien y correcto.
Después de instalarnos, visitamos a uno de nuestros vecinos y les preguntamos si nuestras hijas podrían conocerse y jugar juntas. La madre cogió su teléfono y empezó a mirar la agenda y luego dijo: “Tiene un hueco de 45 minutos en las próximas dos semanas. El resto del tiempo tiene gimnasia, piano y clases de canto. Está muy ocupada.”
Estos hábitos horriblemente destructivos empiezan pronto, muy pronto.
¿Cómo hemos terminado viviendo así? ¿Por qué nos hacemos esto a nosotros mismos? ¿Por qué les hacemos esto a nuestros hijos? ¿Cuándo se nos olvidó que somos seres humanos y no humanos que hacen?
¿Qué pasó con el mundo en el que los niños se ensuciaban con lodo, destruían todo y hasta  se aburrían? ¿Queremos tanto a nuestros hijos que los hemos sobrecargado de tareas y les hacemos sentir  igual de estresados?
¿Qué pasó con el mundo en el que nos sentábamos con la gente que queríamos y teníamos  largas conversaciones sobre nosotros mismos, y donde no había  prisa por terminar?
¿Cómo hemos creado un mundo en el que que cada vez  tenemos más cosas que hacer con menos tiempo libre, menos tiempo para reflexionar, menos tiempo para simplemente… ser?
En algún lugar hemos leido: "La vida no examinada no vale la pena ser vivida ... por un ser humano." ¿Cómo se supone que vamos a vivir, para examinar, para ser, para llegar a ser, para ser plenamente humanos cuando estamos tan ocupados?
Esta enfermedad de estar “ocupado” es espiritualmente destructiva para nuestra salud y nuestro bienestar. Reduce nuestra capacidad de concentrarnos completamente en nuestros seres queridos y nos separa de convertirnos en el tipo de sociedad que deseamos.
Desde los 50 hemos tenido tantas innovaciones tecnológicas que pensábamos que nos harían nuestras vidas más fáciles, más rápidas, más sencillas. Pero hoy no tenemos más tiempo libre que hace algunas décadas.
Para algunos de nosotros, “los privilegiados”, las líneas entre el trabajo y la vida personal han desaparecido. Siempre estamos pegados a algún dispositivo. Todo el tiempo.
Los teléfonos inteligentes y los laptops han roto la barrera  entre la oficina y nuestra casa. Cuando los niños se van a la cama, volvemos a conectarnos.
Una de mis rutinas diarias es revisar la avalancha de correos. Me refiero a esto como mi yihad contra los email. Vivo  enterrado bajo cientos y cientos de correos, y no tengo ni la más remota idea de cómo hacer que se detenga a pesar de haber intentado innumerables técnicas… Pero siguen llegando, en cantidades ingentes: correos personales, correos del trabajo, etc. Y la gente espera una respuesta a esos correos. Pero sucede que estoy demasiado ocupado.
La realidad es muy diferente para otros. Tener dos trabajos en sectores mal pagados es, para algunos, la única forma de mantener una familia a flote. El veinte por ciento de los niños de EE.UU. viven en situación de  pobreza y muchos de sus padres trabajan por salarios mínimos para poner un techo sobre sus cabezas y algo de comida en la mesa. Estamos demasiado ocupados.
Los viejos modelos, incluyendo el del núcleo familiar  en el que sólo un padre trabaja, se han terminado para muchos de nosotros. Sabemos que existe una mayoría de familias con ambos padres trabajando. Y no funciona.
No tiene que ser así.
En muchas culturas musulmanas, cuando quieres saber qué tal le va a alguien, preguntas: en árabe, ¿Kayf haal-ik? o, en persa, ¿Haal-e shomaa chetoreh? ¿Cómo está tu haal?
¿Qué es ese haal por el que se pregunta? Es una palabra para preguntar por el estado del corazón de una persona. En realidad preguntamos “¿Cómo está tu corazón en este momento exacto? Cuando le preguntamos  a alguien“¿Qué tal estás?”, esto es exactamente lo que queremos saber de la otra persona.
No pregunto cuántas cosas tienes que  hacer, no pregunto cuántos correos tienes pendientes de leer. Quiero saber cómo estás en este preciso momento. Cuéntame. Dime que tu corazón está contento, dime que tu corazón está dolorido, que está triste y que necesita contacto humano. Examina tu corazón, explora tu alma y después cuéntame algo sobre tu corazón, sobre tu alma.
Dime que recuerdas que sigues siendo un ser humano, no sólo un humano que hace cosas. Dime que eres algo más que una máquina de hacer deberes. Habla conmigo, tócame. Vamos a hablar ya  reírnos juntos  aquí y ahora.
Pon tu mano en mi hombro, mírame a los ojos y conectate conmigo por un segundo. Cuéntame algo sobre tu corazón y despierta al mío. Recuérdame que yo también soy un ser humano completo que necesita contacto con otros humanos.
No tengo soluciones mágicas. Lo único que sé es que estamos perdiendo la capacidad de vivir plenamente.
Necesitamos una relación diferente con el trabajo y la tecnología. Sabemos lo que queremos: una vida con significado, sentido de comunidad y una existencia balanceada. No es sólo tener  el Iphone mas reciente. Queremos ser completamente humanos.
W. B. Yeats escribió una vez:
“Se necesita más coraje para escudriñar los rincones oscuros de tu propia alma que la que necesita un soldado para luchar en el campo de batalla.”
¿Cómo exactamente se supone que debemos examinar los rincones oscuros de nuestra alma cuando estamos tan ocupados? ¿Cómo se supone que vamos a vivir la vida plena?
Siempre soy prisionero de la esperanza, pero me pregunto si estamos dispuestos a reflexionar sobre cómo hacerlo y sobre cómo vivir de otra manera. De alguna forma, necesitamos un modelo diferente de reorganización individual, social, familiar y humanitario.
Quiero que mis hijos se ensucien, que sean desordenados y que incluso se aburran, que aprendan a ser humanos. Quiero que tengamos un tipo de existencia en el que podamos detenernos por un momento, mirarnos cara a cara, a los ojos, tocarnos y decirnos mutuamente “es así como se siente mi corazón”. Me he tomado el  tiempo de reflexionar sobre mi propia existencia; estoy lo suficientemente en contacto con mi propio corazón y alma para saber cómo me siento y para saber cómo expresarlo.
¿Cómo está tu corazón hoy?
Déjame insistir en un tipo de conexión humano-a-humano en la que cuando uno de nosotros responda “Estoy muy ocupado”, podamos responder “Lo sé. Todos lo estamos. Pero quiero saber cómo está tu corazón.”