sábado, 28 de enero de 2012

Cincuenta años y millones de píldoras después


Por Christian Ferrer. publicado en www.revista-artefacto.com.ar

La comercialización de la píldora anticonceptiva al gran público, iniciada en junio de 1960 en los Estados Unidos, transformaría, en apenas cincuenta años, el destino de la procreación, la pareja, la familia, el orgasmo, e incluso el de los futuros jubilados, al menos en Occidente. No es poca cosa y los beneficios de la así llamada “Revolución Sexual” ya son manifiestos. Si los burócratas que por entonces se encargaban del “control poblacional”, alarmados por el tic-tac de la “bomba demográfica” del Tercer Mundo, imaginaron a esa pastilla como parapeto ante la propagación indiscriminada de la especie, pronto descubrirían que concedía a las mujeres del Primer Mundo un poder inédito sobre sus cuerpos y a las nuevas generaciones una nueva experiencia del sexo, inmunizado ahora contra el miedo al embarazo fortuito y a la deshonra pública. Por una vez, aparentemente, la moralina mordía el polvo. Se ingresaba en la era del derecho natural al goce, una demanda libertaria.

Este medio siglo de “proceso de transición” disolvió, del deseo, su aura pecaminosa, anclándolo en cambio en el ámbito de la salud emocional estandarizada, una nueva exigencia a la que muchísimas voces permisivas trompetean desde púlpitos laicos. Si antes el deseo despatarrado era signo de la presencia del mal, ahora es síntoma de buen comportamiento. Norma universal, tarea para el hogar. Un devenir algo irónico, no barruntado y seguramente no querido, pero sucede que ninguna época es capaz de adivinar su suerte próxima. Por ejemplo, a nadie se le ocurrió que una baja pronunciada de la tasa de natalidad, sumada a una mayor expectativa de vida, conduciría inevitablemente a poner en crisis el financiamiento futuro de las cajas jubilatorias. Quizás un posible subsidio estatal al consumo de viagra compense el imprevisto.

Tampoco se sabía entonces que la juventud, un emblema de cambio de aquellos años, devendría en “juvenilismo”, un atributo de poder, ni que éste mismo, superpuesto al atractivo corporal, daría origen a un novísimo marcador de diferencias sociales que no depende del puesto, el rango o la fortuna sino de la captura de la vista, puesto que una imagen vale por mil palabras. Un “diferenciador social” distribuye a las personas en distintas posiciones de reconocimiento, influencia y poderío, de modo que la posesión de juventud y belleza –o bien su apariencia– se ha convertido en un pertrecho conveniente si se pretende escalar por el otro diferenciador social por excelencia, el que calibra la profusión o la privación de riqueza.

Esos diferenciadores inciden dramáticamente sobre las actuaciones personales en el mercado del deseo, cuyos límites y posibilidades se han ampliado como nunca antes en la época moderna debido a la costumbre de la separación y el divorcio, a la extensión de la ejercitación sexual hacia la pubertad y la longevidad a la vez, y a la búsqueda de aprobación visual de parte de conocidos y desconocidos. El cortejo, que es siempre competencia de plumaje, también es mascarada –viejo tema burgués– y se ha vuelto más competitivo y fuente de ansiedad a toda edad, quizás porque la institución de la pareja romántica ha demostrado ser menos plástica y recombinante que la de la familia, bastante bien amoldada a la época.

La utopía sexual de la década de 1960 ambicionaba una autarquía moral en cuestiones de sexo, pero la píldora anticonceptiva, su pasaporte al mundo de las mil y una noches, encontró una inesperada contraindicación, el imperativo de la “buena presencia”. Para compensar la posición desfavorecida de todos aquellos que no dan la talla, las industrias del ajuste corporal vienen ofreciendo un servicio de transfiguración a base de cirugía, dietética, farmacología, gimnástica y sexología. Por cierto, eso supone esfuerzos enormes alejados de todo placer y algunos no carentes de riesgo. Pero eso importa poco a quienes envidian a las crisálidas y ansían una metamorfosis equivalente. No obstante, la vida posterior de las mariposas es efímera y no pocas de ellas culminan sus días clavadas y amortajadas detrás de un vidrio. Así, lentamente, las vemos pulverizarse, sin advertir que estamos contemplándonos en un espejo.

¿Está listo para mostrar toda su vida en Facebook?


Por Anahi Aradas en BBC Mundo

Una buena parte de usuarios de Facebook parecen estar preocupados por el inminente cambio de formato de la red social Facebook, conocido como "línea del tiempo", según indica un sondeo de la empresa de seguridad Sophos.

Esta nueva configuración permitirá mostrar todo lo que una persona ha hecho en la red social desde que se hizo miembro, a través de un menú que se desplegará cronológicamente.

Además, aplicaciones automáticas revelarán, por ejemplo, cuál fue la última canción que se escuchó en Spotify o los artículos que leyeron sin ni siquiera apretar el botón "Me gusta" o "Compartir".

Pero según Sophos, lo más grave es que el nuevo sistema podría facilitar la labor de potenciales ladrones o acosadores.

Toda tu vida Facebook

"Es la historia de tu vida y un modo completamente nuevo de expresarte" explicó durante el lanzamiento del nuevo formato el fundador de Facebook Mark Zuckerberg, quien dijo estar convencido de que la gente quiere compartir su vida entera con los demás.

Pero esto contradice los resultados de la encuesta que Sophos llevó a cabo entre un total de 4.100 usuarios en todo el mundo.

Según se detalló, el 51% dijo está "preocupado por la línea de tiempo de Facebook" y un 32,36% dijo "no saber por qué sigo en Facebook", frente a un 8,39% que opinó que "terminarían acostumbrándose" y el 7,96% que dijo que les gustaba.

Una semana para redimirse

"Salir de Facebook no es para todo el mundo. Algunos tienen una embarazosa adicción al sitio"

Dijo Graham Cluley, director de tecnologia de Sophos

Aunque hasta el momento la adopción del nuevo formato ha sido opcional, voceros de Facebook anunciaron que para fines de enero "todo el mundo tendrá la línea del tiempo".

Una vez incorporado el nuevo formato el usuario dispondrá de una semana para revisar lo que hay dentro y hacer sus modificaciones.

Pero este cambio, avanzó Graham Cluley, director de tecnología de Sophos, podría ser toda una reveladora experiencia para todos aquellos que no se han dado cuenta de cuánta información personal llegamos a colgar en la red social.

"La línea de tiempo será un llamado de atención para algunos sobre cuán ligeramente han compartido información en el pasado. En mi caso, fue el catalizador para examinar mi relación con Facebook, así que cerré mi cuenta", dijo en un comunicado.

Privacidad y seguridad

Según Cluley, el nuevo formato de Facebook es una oportunidad para "limpiar" nuestras cuentas.

A principios de este año, la BBC invitó a Cluley a hablar de su renuncia a Facebook en su blog de invitados.

"He estado pensando en abandonar Facebook por un tiempo", confesó, "pero como alguien que habla de la importancia de la privacidad y seguridad en internet, resulta incongruente usar un servicio que siento no puedo manejar de forma apropiada".

En su texto, que afirmó es "estrictamente personal" y no tiene que ver con las posturas de Sophos, Cluley criticó que Facebook tienda a "erosionar la privacidad de sus miembros sin preguntar antes".

No obstante, confesó "salir de Facebook no es para todo el mundo. Algunos tienen una embarazosa adicción al sitio, quieren dejarlo pero sienten que no pueden porque muchos de sus amigos están ahí y creen que se perderán algo".

"Pero si alguien quiere hacerlo", recordó, "mejor borrar la cuenta que desactivarla", ya que según dijo Facebook "quiere desesperadamente retener tus datos, ya que les permite diseñar su publicidad, así que cuando quieres irte intenta que la desactives en lugar de borrarla".

Desactivar una cuenta, explicó, la deja simplemente "congelada", invisible para el mundo exterior, pero la información sigue ahí.

¿Hora de limpiar Facebook?

De acuerdo al informe de Sophos, a medida que Facebook se acerca a los 1.000 millones de usuarios, aumenta también su atractivo para los cibercriminales, que suelen bombardear la red social con programas maliciosos (malawares), aplicaciones falsas o trucos para robar identidades.

Pero más allá de estas amenazas, está la de los delincuentes que pueden usar esta información para llevar a cabo agresiones en el mundo real, como ladrones, secuestradores o acosadores.

"Es una oportunidad para evaluar qué se comparte", finalizó Cluley, "es el momento de limpiar tu cuenta de Facebook y la lista de amigos, y asegurarte de que sólo compartes lo que quieres compartir y con quien quieres compartirlo".

"Al fin de al cabo, una página que tiene detalles de tu vida, gustos y amores, es oro para los tramposos".

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jueves, 26 de enero de 2012

Asocian el uso creciente de teléfonos celulares con internet con un aumento en los niveles de estrés


publicado en: Rosario3.com

Investigadores del departamento de psicología de la Universidad de Worcester, en Inglaterra, señalaron que revisar compulsivamente los smartphone para mantenerse al día con las amistades y las "novedades" de las redes sociales provoca ansiedad.

"Los smartphones se usan cada vez más para ayudar a las personas a afrontar distintos aspectos de sus vidas", comentó el autor del estudio Richard Balding. "Pero mientras más los usamos, más dependientes nos volvemos de ellos, y en realidad aumentamos el estrés en lugar de aliviarlo", destacó el psicólogo.

Para explorar cómo el uso de iPhones, Androids, Blackberries y otros dispositivos portátiles parecidos podría elevar el estrés, Balding y equipo condujeron pruebas psicométricas de estrés en más de cien participantes, que incluían estudiantes universitarios, dependientes de tiendas y empleados del sector público.

Los autores hallaron que las personas adquieren estos teléfonos inicialmente para manejar mejor sus obligaciones laborales. Sin embargo, a su vez notaron que los usuarios eventualmente terminan cambiando a interacciones más personales en los smartphones, cambiando el uso laboral por el deseo de mantener el control sobre la red social virtual.

A medida que este patrón de uso se acrecienta, también lo hace el estrés, observaron los investigadores. Y hay más información al respecto: mientras más frecuentemente revisa alguien un teléfono por motivos personales, más aumenta el estrés.

En los casos extremos, la presión de mantenerse en contacto puede volverse extrema, hasta tal punto que los usuarios más estresados perciben alertas (por ejemplo, a través de las vibraciones del teléfono) que no existen.

"Claro que mantenerse conectado es bueno", reconoció Balding. "Pero todos necesitamos un descanso. Algo de tiempo privado. De otra forma, hay un riesgo de que el estrés y la tensión que se acumulan por mantenerse conectado terminen teniendo un impacto negativo sobre las relaciones".

Sonja Lyubomirsky, profesora de psicología de la Universidad de California en Riverside, dijo que aunque las observaciones le parecieron "razonables", se necesita más trabajo para establecer una verdadera causalidad.

"Quizás las personas que ya están estresadas y neuróticas sean más propensas a revisar sus teléfonos compulsivamente en primer lugar, tal vez las personas que tienen niveles altos de estrés son las que necesitan tener sus teléfonos encendidos todo el tiempo", apuntó. "Necesitamos ver qué lo causa realmente".

"Por supuesto, muchas investigaciones muestran que realmente vivir en el momento hace a las personas más felices", señaló Lyubomirsky. "Y claramente es menos probable que disfrutemos del momento si estamos revisando el teléfono. Pero al mismo tiempo, no siempre es malo. Me ahorra tiempo. Hace que mantenerse en contacto sea más fácil, y permite hacer varias tareas a la vez. Hay muchas personas que pueden sentir placer al enviar un correo electrónico de agradecimiento a alguien, o al buscar información en internet. Lo que importa es cómo se usa el teléfono, no el teléfono en sí".

Debido a que este estudio se presentó en una reunión médica, sus datos y conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.