jueves, 30 de mayo de 2019

Entretenimiento y ocio: una paradoja

Por José Mármol

Publicado originalmente en El Día. Reproducido sin permiso


Desde la más remota antigüedad, el entretenimiento y el ocio se concibieron como actividades idénticas, complementarias en el tiempo, los individuos y la cultura.
Entretenerse era una forma de llenar el tiempo de ocio, ya fuese en sociedades recolectoras nómadas, en la cultura helénica, el medioevo, la premodernidad y la modernidad; es decir, el ocio, destinado a sentirse libre y entretenerse, era el tiempo que quedaba al margen de la actividad productiva, del oficio, de la dinámica del ‘homo laborans’.
Sin embargo, el proceso de individualización y la constante modernización de la sociedad y la cultura han cambiado ese paradigma.
Su relación, sobre todo, a partir de los avances tecnológicos y la instauración del medio digital, ha devenido paradójica o contradictoria.
El tiempo para el juego ha desembocado en cuestión ontológica, problemática de la existencia contemporánea. Hoy día, muchas formas de entretenimiento son formas de productividad, de continuación del trabajo, de efecto colateral de la sociedad del rendimiento económico y el lucro individual. El trabajo y el juego ya no son mutuamente excluyentes.
La posmodernidad nos ha colocado en medio de un proceso de ludificación del trabajo y la producción de bienes y servicios. Jugar y trabajar se han transformado en una misma actividad. El juego, en sí mismo, como parte del ocio, ha desaparecido.
El dopaje no es solo asunto de mayor rendimiento deportivo, sino también laboral. Que el trabajo entretenga y no tenga límites de horario ni de días es una adicción sin drogas que produce sobre los sujetos depresión, angustia, estrés, burnout y suicidio.
El apogeo alienante del medio digital hace posible que se borren las fronteras entre la realidad real o concreta y la realidad virtual, ampliada, líquida, apantallada, la virtualidad, en fin.
Extremado el caso, la realidad concreta parece convertirse, de momento, en un espectro del entretenimiento virtual.
Esta desviación delirante de la cultura ‘online’, que convive hoy y desplaza a la cultura ‘offline’, se nutre de un componente de la tradición espiritual y cultural, sobre todo, de Occidente, que es la Pasión (con mayúscula), es decir, la vocación por el sufrimiento, por el padecimiento del dolor, la asunción sin chistar de una conducta y un estilo de vida sacrificiales.
Desde una perspectiva nietzscheana y su visión crítica de la génesis y genealogía de la moral, esta actitud tiene que ver con el sentido de culpa que la Pasión de Cristo ha legado a la humanidad.
El ‘homo doloris’ (hombre que sufre) fue así, ‘prima facie’, el contendiente del Homo ludens (hombre que juega).
El dolor, especialmente en la existencia y la cultura, podía curarse, aun fuera temporalmente, con el juego.
Sin embargo, en el ser humano del presente, el ‘homo laborans’, esa oposición, esa frontera se ha borrado, quedando en él fusionados, en una relación simbiótica, la vocación al entretenimiento o juego y la vocación por la Pasión o el sufrimiento.
De ahí que, dentro de la racionalidad productiva nazi, regida más por la eficiencia y el cálculo que por el delirio racista o bélico, el lema de entrada a los campos de concentración y exterminio fuera: “El trabajo libera”.
El código binario del siglo XIX civilización/ barbarie, más el que se le asocia al proceso de emancipación, tanto en Europa como en América, como libertad/muerte, van ambos a modernizarse y resolverse, desde el siglo XX, en un nuevo paradigma binario que será el de padecimiento/ espectáculo; es decir, padecimiento de la realidad como sufrimiento versus el simulacro, la ficción efímera y evanescente de la sociedad como un mero espectáculo, demasiadas veces reducido al mal gusto (light). ¿Volverá a existir el juego? Veremos.


martes, 7 de mayo de 2019

UNA SOCIEDAD BASADA EN LA MENTIRA



Alvin Reyes

Una de las cosas que más me asombran en esta época de redes sociales e hiper comunicación es conocer de la existencia de un lucrativo negocio: vender “me gusta” y “seguidores”.

O sea tengo una página web, quiero vender publicidad y le pago una cantidad de dólares a Facebook para que el número de mis seguidores aumente, estos seguidores son fantasmas, son empleados que están digamos en la India y que reciben X cantidad de dinero por dar “me gusta” y “seguir” determinadas páginas que Facebook o Instagram les asignan.

¿Se podrá vivir una falsedad más grande? ¿Puedo vender mi negocio a la publicidad basado en una red de seguidores de mentira?

Esto no es más que la continuación de un modelo de sociedad actual donde todo se basa en la falsedad y la mentira.

Todo es falso: Culos falsos, tetas falsas, pestañas falsas, cabellos falsos, amistades falsas, amores falsos, promesas políticas falsas, candidatos falsos, guerras basadas en falsas  amenazas, noticias falsas, fronteras de mentira, vidas prestadas, sueños de otros, falsos izquierdistas, alimentos falsos, cosméticos con propiedades falsas, medicamentos que prometen mejora pero que dejan nefastas consecuencias.

Entonces me pongo a pensar cuando llegue una verdadera crisis, una verdadera catástrofe, con cuales recursos humanos, con cual fortaleza de espíritu podrá sobrevivir una sociedad cuyos  cimientos son falsos?


jueves, 12 de octubre de 2017

Los gigantes de la tecnología operan como carros sin frenos.

He encontrado este artículo en The Guardian del cual traduje algunos parrafos de manera libre para edificación de los que tienen la gentileza de visitar este blog:

El artículo más estúpido que he escrito, en la década de 1990, predijo que Internet beneficiaría sólo a dos grupos de personas: abogados y pornógrafos. Estaba equivocado. Yo y millones de otros nos hemos beneficiado enormemente de esta innovación. Pero yo tenía razón en un aspecto: que sus bendiciones serían mezcladas.
No pasa un día sin quejas apocalípticas contra Internet. Promueve la pedofilia, el acoso, el trolling, la humillación, la intrusión, la acusación falsa y la difamación. Ayuda al terrorismo, a la guerra cibernética, a la mentira política, a las noticias falsas, a la censura estatal y a la injusticia sumaria. Enriquece a unos pocos, evade impuestos, no respeta fronteras y obliga a millones de personas a estar desempleados.
Las compañías de Internet, mientras pretenden que no son empresas de publicidad, manipulan y censuran noticias. Ven a los humanos como fábricas de algoritmos, agrupadas para obtener los máximos ingresos publicitarios. La "aldea global" no es un pueblo en absoluto, sólo trillones de consumidores zombies conectados  a un teléfono. ¿A quién en la Tierra se le ocurrió que esto podría ser una buena idea?
El nuevo libro de William Storr, Selfie, argumenta que los medios sociales nos hacen a todos, incluidos los niños, más solitarios y aún más narcisistas. Esto ha significado aumentos en las tasas de "autolesión, trastorno alimentario, depresión, ansiedad y dismorfia corporal". O, como Michael Harris lo pone en su estudio de la nueva soledad, los jóvenes están "volviéndose socialmente obesos, engordados en una conexión constante, pero nunca debidamente alimentados".
Si nos viésemos amenazados por un virus desenfrenado, un cambio climático o un ejército invasor, habría un clamor. Se convocarían conferencias, se reunirían las Naciones Unidas y se firmarían tratados. Pero debido a que el daño está contenido en nuestro jardín más secreto, la salud mental, el problema se trata como "el precio que pagamos" por las maravillas de Internet. Los expertos no pueden entender que el Internet podría se haya  convertido en una maldición en lugar  en una bendición.
Nunca una industria ha alcanzado tal dominio global con tan poca regulación. Los motores de búsqueda son como si a los coches en autopistas se les permitiese andar sin frenos o cinturones de seguridad. El fracaso de regular estas corporaciones masivas, y mucho menos de hacer que tributen adecuadamente, es el pecado más grosero de los gobiernos modernos. Su tamaño y alcance les permite ignorar el daño que hacen.
A medida que la industria se concentra en monopolizar los millonarios gastos publicitarios de los gobiernos, estos ignoran la llamada “Dark Web”, que satisface los gustos mas  ya sean sexuales, financieros e incluso militares.  En lugar de frenar  la intrusión masiva en la privacidad personal, los gobiernos se dieron cuenta - como Edward Snowden reveló - de que esta intrusión podría servir a sus propios fines. El estado y los “mass data” comenzaron la asociación más profana en la historia comercial.

Articulo original en inglés:


jueves, 19 de enero de 2017

Desigualdad (1)

Alvin Reyes

La estructura de la desigualdad:

El año 2014 vio salir un libro de economía formidable que analiza casi dos siglos de capitalismo, con data y gráficos incluidos, para hacer una radiografía al capital, la distribución del ingreso y la desigualdad. Se trata de Capital in the twenty-first century del economista francés Thomas Piketty, especialista en distribución de la renta. El libro se divide en cuatro partes. La primera trata sobre el ingreso y el capital, la segunda de la dinámica de la relación capital/ingreso, la tercera es un análisis de la estructura de la desigualdad y la cuarta y última un análisis sobre la regulación del capital en el siglo XXI.

En la tercera parte del libro que pasaremos analizar aquí Piketty desarrolla su tesis de la estructura de la desigualdad. “Por definición, en todas las sociedades, la desigualdad en el ingreso es el resultado de la suma de dos componentes: la desigualdad en ingresos procedentes del trabajo y la desigualdad de ingresos procedentes del capital. Mientras más desigualmente distribuido este cada uno de esos dos componentes mayor será la desigualdad total”.[1]

 Como se distribuye la desigualdad entre ambos componentes es algo que Piketty, analizando una gran cantidad de datos, intenta responder en su análisis.

Refiriéndose al caso de la distribución de los salarios se pregunta si la sola diferencia en los salarios llevaría a una desigualdad moderada. “En países donde los ingresos por el trabajo están más igualmente distribuidos, como los países escandinavos entre los años 1970 y 1990, el 10 % con mayores ingresos recibía alrededor del 20 % de los ingresos relativos a los salarios y el 50 % inferior recibía cerca del 35 %. En países con una desigualdad en los salarios promedio, como en el caso de la mayoría de los países europeos, hoy el primer grupo reclama el 25-30 % del total de los ingresos por salarios y el segundo grupo alrededor de un 30 %. Y n los países menos igualitarios, como son los Estados Unidos en el 2010, el decil superior se lleva el 30 % del total mientras que la mitad inferior apenas un 25 %”[2]

En su libro Piketty también analiza, como parte de su estudio de la estructura de la desigualdad, los niveles de esta con respecto a la riqueza, al capital, dentro de las sociedades. “A principios de la década del 2010, el 10 % más rico poseía alrededor del 60 % de la riqueza nacional en la mayoría de los países europeos....El hecho más llamativo es que en todas esas sociedades la mitad de la población posee virtualmente nada: el 50 % más pobre posee menos del 10 % de la riqueza nacional.”[3]  Y el caso de los Estados Unidos es más dramático aun donde el decil superior posee el 72 % de la riqueza y la mitad inferior el 2 %[4]

Con respecto al caso concreto de los Estados Unidos Joseph Stiglitz nos dice que “Estados Unidos ha ido partiéndose en dos, a un ritmo cada vez mayor. En los primeros años del nuevo milenio posteriores a la recepción, el 1 % más alto se llevó más del 65 % del incremento de la renta nacional total”[5]. Y Emmanuel Saez aporta los siguientes datos “Los ingresos del 1 % superior crecieron un  31,4%, mientras que los ingresos del 99% restante crecieron solamente un 0,4% entre 2009 y 2012. Por lo tanto, el 1% capturó el 95% de las ganancias de ingresos en los primeros tres años de la recuperación. A partir de 2009 a 2010, el 1% superior creció rápidamente y luego se estancó desde 2010 hasta 2011. El 99% se estancó tanto del  2009 al 2010 y del 2010 a 2011. En 2012, los ingresos del 1 % aumentaron drásticamente en un 19,6%, mientras que los ingresos del  99% crecieron solamente un 1,0%.” [6]  Sorapop Kiatpongsan y  Michael I. Norton  además agregan “En 26 países desarrollados el incremento en el salario mínimo fue solo de 0.7 % en el 2010 y se redujo en un 0.7 % en el 2011 en un agudo contraste con los aumentos en la compensación de los grandes ejecutivos. La relación entre lo devengado por un CEO y un empleado promedio en los Estados Unidos era de 20:1 en 1965. En 2012 es de 345:1”[7]

En conclusión, siguiendo los datos de Piketty y los demás autores citados, la desigualdad de una sociedad se compone de las desigualdades de ingresos por el trabajo, diferencias en salarios, y por las diferencias en los ingresos debido al capital y la combinación de ambas nos da una idea de la medida de la desigualdad en una sociedad. Ahora, ¿ha sido esto siempre así? ¿Cómo han evolucionado en la historia el aporte de cada componente en la desigualdad? Y, por último, estamos en una época de mayor desigualdad de la historia o, de acuerdo a los datos disponibles, ¿ha habido periodos de mayor desigualdad en la historia? Este aspecto lo veremos en la siguiente entrega sobre este tema.


[1] Piketty, Thomas (2014). Capital in the twenty-first century. The Belknap Press of Harvard University Press. USA. Pág. 242
[2] Piketty, Thomas. Op. Cit.  Pág. 255-256
[3] Piketty, Thomas (2014). Op. Cit. Pág. 257
[4] Ibidem
[5] Stiglitz, Joseph (2012). El precio de la desigualdad. Taurus. México. Pág. 48
[6] Saez, Emmanuel (2013). Striking it Richer: The Evolution of Top Incomes in the United States (Updated with 2012 preliminary estimates). University of California, Department of Economics.  Septiembre 3, 2013.
 [7] Kiatpongsan, Sorapop and Norton, Michael I (2014).How Much (More) Should CEOs Make? A Universal Desire for More Equal Pay. Perspectives on Psychological Science 2014, Vol. 9(6) 587–593

miércoles, 11 de enero de 2017

La victoria de Donald Trump y fracaso del neoliberalismo

Alvin Reyes

Desde la, para muchos, inesperada victoria de Donald Trump en las pasadas elecciones de EEUU hemos escuchado todo tipo de conjeturas, teorías y disparates sobre las causas de su victoria. Las explicaciones para la derrota de la candidata demócrata van desde la intervención rusa, a través de hackers, pasando por afirmar que el sistema electoral de EEUU es injusto (Algo que, alas!, muchos descubren hoy) hasta decir que Hilary perdió por ser mujer en una América machista.

Lo cierto es que nadie quiere afirmar ni mucho menos reconocer que la derrota de los demócratas no tiene nada que ver con lo que se asegura porque reconocer la causa  de la victoria del magnate les aterra. Las corporaciones mediáticas han llenado todo de tanto ruido, respecto a la campaña de Trump que ya no se recuerda las bases reales de su propuesta. De lo único que se nos habla es de que sus políticas migratorias son xenófobas, que manoseo muchas mujeres en el transcurso de su vida, etc. Pero lo que no te dicen es que sus propuestas  chocan frontalmente con el legado económico Reagan/Tatcher que ha dominado las  económicas occidentales desde la parte temprana de los años ochenta. Como lo dice Naomi Klein:

“Le echarán la culpa a James Comey y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI). Le echarán la culpa a la supresión del voto y al racismo. Le echarán la culpa a Bernie y a la misoginia. Le echarán la culpa a los otros partidos y a los candidatos independientes. Le echarán la culpa a los grandes medios por darle una plataforma, a las redes sociales por ser un altavoz y a Wikileaks por sacar los trapitos al sol.
Pero todo esto no toma en cuenta la fuerza más responsable de crear la pesadilla en la cual estamos bien despiertos: el neoliberalismo. Esa visión del mundo –encarnada por Hillary Clinton y su maquinaria– no le hace competencia al extremismo estilo Donald Trump.” (http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/11/11/la-clase-de-davos-sello-el-destino-de-estados-unidos)

Mientras los Clinton afirmaron que todo estaba bien Trump le dijo a la gente que todo estaba mal. Eso es lo que los grandes medios, repito, no quieren mencionar mucho menos el hecho de que sus afirmaciones de que la marcha de las empresas norteamericanas ha empobrecido a los EEUU va directamente en contra de los intereses de las grandes corporaciones que ya no representan países sino los bolsillos de sus accionistas.

Trump - explica Bauman en  L´Espresso - ha sido capaz de jugar con habilidad el papel de hombre fuerte, de  un “outsider”…y ha hecho énfasis en las angustias económicas de los ciudadanos americanos, pasando a un modelo económico  integrador en ves del  modelo actual que excluye, margina y crea exiliados reales

La fuerza de Trump, vale repetirlo, vino delos votantes de las regiones abandonadas desde el clintonismo (fly-over country) y arrasadas por la desindustrialización y la globalización (rust belt), inclinándose por Trump, dijeron no tanto: muchos se identificaban con su racismo y misoginia apuntadas a las dos principales figuras demócratas, pero otros (swing-voters) se tapaban las narices y votaban desde lo económico” (http://mamvas.blogspot.com/2016/12/la-guerra-racial-el-capitalismo-y-la.html).

A fin de cuentas todo esta cháchara post electoral, todo estos ataques antes de que Trump asuma no tienen otro fin de hacernos olvidar, como afirma Bauman que “el neoliberalismo preparó el camino para la victoria de Trump” (https://www.socialeurope.eu/2016/11/how-neoliberalism-prepared-the-way-for-donald-trump/). No sabemos en que terminaran sus propuestas ni si el está preparado realmente para cumplir lo que ha prometido, mucho menos somos partidarios de su presidencia. De lo que estamos seguros es que de que su triunfo es un llamado de alerta para los líderes progresistas que se han pasado décadas extraviados, luchando la causas de otros, sumados a movimientos que llamo de política ligth mientras la población mundial se empobrece aceleradamente y una elite, que vive el sueño de una distopía tecnológica, domine el mundo. Creo que por ahora lo mejor que ha pasado es que aparezca un Trump si no cambiamos el rumbo quien sabe que vendrá mañana.


domingo, 20 de noviembre de 2016

Hacia una sociedad adolescente

Por Javier Benegas y Julian Blanco. Publicado originalmente en Vox Populi.
Reproducido en este blog sin permiso.

En la genial novela de de Philip Roth, La mancha humana, la vida del decano universitario Coleman Silk se desmorona tras interesarse por dos estudiantes que han faltado a todas sus clases, “¿Conoce alguien a estos alumnos? ¿Tienen existencia sólida o se han desvanecido como negro humo?” pregunta en el aula. Desgraciadamente para Coleman, uno de los aludidos resulta ser afroamericano y, cuando llega a sus oídos la pregunta, la interpreta como un ataque racista. Aunque no había ánimo ofensivo en sus palabras, puesto que jamás había visto al estudiante, Silk es acusado de racista, cesado como decano y despedido. Sin otra universidad dispuesta a contratarlo, su economía familiar se deteriora rápidamente. Padece el rechazo de la comunidad, el repudio de amigos y conocidos y, en el colmo de la desdicha, su esposa sufre una apoplejía a causa del estrés y fallece.

Numerosos profesores norteamericanos son censurados o expulsados de las universidades porque sus discursos, o siquiera sus apreciaciones, turban a un alumnado cada vez más sobreprotegido e infantilizado.

Aunque el decano Silk sea un personaje de ficción, Philip Roth refleja las vivencias de infinidad de profesores norteamericanos censurados o expulsados de las universidades porque sus discursos, o siquiera sus apreciaciones, turbaban a un alumnado cada vez más sobreprotegido e infantilizado. Porque no se ajustaban a lo políticamente correcto.

¿Universidades o jardines de infancia?

Hace poco más de dos años, según realtó Judith Shulevitz, estudiantes de la Universidad de Brown organizaron un debate abierto sobre agresiones sexuales. Inmediatamente, otro grupo de alumnos, temeroso de que los intervinientes pudieran exponer ciertas ideas “negativas”, protestó ante la dirección argumentando que la universidad debía ser un “espacio seguro” donde nada avivara los traumas de las víctimas. Las autoridades académicas no cancelaron el acto, pero pusieron a disposición de los asistentes su propio "espacio seguro": una sala contigua donde cualquiera pudiera acudir para recuperarse de algún punto de vista turbador, y, si se sentía con fuerzas, regresar al debate. La estancia estaba equipada con cuadernos para colorear, juegos de plastilina, cojines, música relajante, mantas, galletas, chuches, incluso un video relajante en el que aparecían perritos jugando. También contaba con personal cualificado para atender posibles traumas. Cuando el evento finalizó, dos docenas de personas habían pasado por esta sala, una de las cuales explicó: "me sentía bombardeada por unos  puntos de vista que van en contra de mis creencias más íntimas".

En otra ocasión, un profesor del Columbia College recomendó la visita a una interesante exposición de arte samurai japonés. Inmediatamente, uno de sus estudiantes protestó airadamente, tachando su sugerencia de políticamente incorrecta porque podía herir la sensibilidad de los alumnos chinos. Obviamente, la objeción era absurda; la invasión de China por el ejército imperial japonés había finalizado setenta años atrás. Sin embargo, para el estudiante el tiempo transcurrido era irrelevante. Siguiendo su lógica, el arte alemán ofendería en Francia, el francés en España por la invasión napoleónica, o el español en Flandes.

Larry Summers tuvo la desgraciada ocurrencia de publicar un estudio donde mostraba que el coeficiente de inteligencia de los hombres presenta una dispersión, una varianza mayor que el de las mujeres

Otro caso llamativo es el del ex presidente de la Universidad de Harvard, el economista Larry Summers, que tuvo la desgraciada ocurrencia de publicar un estudio donde mostraba que el coeficiente de inteligencia de los hombres presenta una dispersión, una varianza mayor que el de las mujeres, planteando como hipótesis que este hecho podía influir en la asignación de puestos de trabajo en las escalas más altas y más bajas. Automáticamente fue acusado de machista y, tras una durísima campaña en su contra, Summers se vio obligado a dimitir en 2006.

Del oscurantismo a la ignorancia

El calvario de todos estos profesores ilustra la plaga de la corrección política, una moda que invade los campus universitarios del mundo desarrollado, constituyendo una asfixiante censura que, en no pocas ocasiones, provoca dramas absurdos perfectamente evitables. Lo peor, con todo, es que condena a la sociedad al oscurantismo, a la ignorancia. Al fin y al cabo, Summers sólo podría haberse ahorrado el calvario falseando los resultados de su investigación, adaptándolos a la “realidad” de lo políticamente correcto o, sencillamente, renunciando a investigar. Por su parte, el profesor de Columbia debería pensárselo dos veces antes de recomendar exposiciones de arte a sus alumnos puesto que todas, de alguna manera, herirán la sensibilidad de alguien. En cuanto a los estudiantes de la Universidad de Brown, para evitar sobresaltos tendrían que renunciar a organizar debates abiertos.

"La universidad no puede ser un 'espacio seguro'. El que lo busque, que se vaya a casa y abrace a su osito de peluche"

El irresistible avance de la corrección política es una señal muy potente que nos advierte de la infantilización de la sociedad occidental, reflejada con pavorosa nitidez en su universidad, de donde precisamente proviene. Tanto despropósito llevó a Richard Dawkins, profesor de biología evolutiva de la Universidad de Cardiff a advertir a sus estudiantes, con indisimulada indignación: "La universidad no puede ser un 'espacio seguro'. El que lo busque, que se vaya a casa, abrace a su osito de peluche y se ponga el chupete hasta que se encuentre listo para volver. Los estudiantes que se ofenden por escuchar opiniones contraria a las suyas, quizá no estén preparados para venir a la universidad".

La corrección política es producto de ese pensamiento infantil que cree que el monstruo desaparecerá con solo cerrar los ojos. Pero la maduración personal consiste justo en lo contrario, en descubrir que el mundo no es siempre bello ni bueno, en la toma de conciencia de que el mal existe, en llegar a aceptar y encajar la contrariedad, el sufrimiento. Y, por supuesto, en aprender a rebatir los criterios opuestos. En su esfuerzo por hacer sentir a todos los estudiantes cómodos y seguros, a salvo de cualquier potencial shock, las universidades están sacrificando la credibilidad y el rigor del discurso intelectual, remplazando la lógica por la emoción y la razón por la ignorancia. En definitiva, están impidiendo que sus alumnos maduren.

La trampa del “espacio seguro”

Cuando se designa unos espacios universitarios como seguros, implícitamente se está marcando otros como inseguros y, por lo tanto, tarde o temprano habrá que “asegurarlos”, hasta que cualquier opinión desconcertante quede prohibida en todo el campus. Y, si esto es válido para la universidad, ¿por qué no trasladarlo a la sociedad en su conjunto? Así, la represión se extiende como mancha de aceite, prohibiendo palabras, términos, actitudes, estableciendo una siniestra policía del pensamiento.
En la práctica, es la autoridad quien acaba dictaminando lo que es políticamente correcto y lo que no. Y lo hace, naturalmente, a favor del 'establishment' y de los grupos de presión mejor organizados

Desde el punto de vista conceptual, la corrección política es incongruente, cae por su propio peso. Dado que no todo el mundo opina igual ni posee la misma sensibilidad, no es posible separar con rigor lo que es ofensivo de lo que no lo es, establecer una frontera objetiva entre lo políticamente correcto y lo incorrecto. Hay personas que no se ofenden nunca; otras, sin embargo, tienen la sensibilidad a flor de piel. La ofensa no está en el emisor sino en el receptor, Así, en la práctica, es la autoridad quien acaba dictaminando lo que es políticamente correcto y lo que no. Y lo hace, naturalmente, a favor del establishment y de los grupos de presión mejor organizados.

La corrección política es una forma de censura, un intento de suprimir cualquier oposición al sistema. Y es además ineficaz para afrontar las cuestiones que pretende resolver: la injusticia, la discriminación, la maldad. No es más que un recurso típico de mentes superficiales que, ante la dificultad de abordar los problemas, la fatiga que implica transformar el mundo, optan por cambiar simplemente las palabras, por sustituir el cambio real por el lingüístico. 

Lo expresó de forma certera el defensor de los derechos civiles W. E. B. Du Bois en 1928. Tras ser recriminado por un joven exaltado por usar la palabra "negro", Du Bois respondió: "Es un error juvenil confundir los nombres con las cosas. Las palabras son sólo signos convencionales para identificar objetos o hechos: son estos últimos los que cuentan. Hay personas que nos desprecian por ser negros; pero no van a despreciarnos menos por hacernos llamar 'hombres de color' o 'afroamericanos'. No es el nombre... es el hecho". En efecto, ni la discriminación, ni el racismo, ni cualquier otro problema, se resuelven por cambiar los nombres. Como mucho, se logra tranquilizar la mala conciencia de algunos.    

Y el resultado es... Donald Trump

Hay mucha gente en el mundo, demasiada en España, que, al parecer, carece de la madurez emocional o de la capacidad intelectual para escuchar una opinión política que se aparte de sus convicciones sin considerarla un insulto personal. Al poner los sentimientos por encima de los hechos, de las razones, cualquier opinión válida puede ser desactivada tachándola de racista, sexista, discriminatoria. Puede que a estas personas la corrección política les haga sentirse más cómodos, pero a costa de instaurar la cultura del miedo en los demás. Clint Eastwood declaró: "Secretamente, todo el mundo se está hartando de la corrección política, del peloteo. Estamos en una generación de blandengues; todos se la cogen con papel de fumar". Aun así no era plenamente consciente del peligro que se avecinaba: tarde o temprano el virulento efecto péndulo invierte las magnitudes, la gente acaba hastiada de tanta censura, y como reacción... vota a Donald Trump.

Renunciar al libre discurso, al libre pensamiento, para evitar herir la sensibilidad de algunos es peor que estúpido: es peligroso porque pone en cuestión los principios de la democracia. Debemos ser respetuosos con todo el mundo, por supuesto. Pero también expresar con libertad nuestras ideas y argumentos. Si alguien se molesta, se rasga las vestiduras, es muy probable que esté mostrando su talante inmaduro, su carácter infantil e intolerante. Lo advirtió George Orwell en su novela 1984: "La libertad es el derecho de decir a la gente aquello que no quiere oír".

martes, 27 de septiembre de 2016

Lo ultimo del mundo liquido: Alquilar amigos

Lo pueden disfrazar del eufemismo que quieran y le pueden buscar todas las vueltas positivas, así es el rebaño, pero definitivamente cuando llegas a necesitar alquilar un amigo el mundo debe estar muy jodido para ti. Veamos esta nota de La Vanguardia:

Ya es posible alquilar un amigo (pero por horas)

Al entrar, el sitio web despliega el catálogo de las personas disponibles en cualquier ciudad como puede ser Buenos Aires o Barcelona, con sus fotos y descripciones. “Me gusta el arte, ir a bares y caminar por la ciudad”, se presenta sonriente Jazmín, de 27 años. “Amo los viajes y la comida; soy sociable, divertido y educado”, anuncia Matías, un estudiante de turismo de 24 años. “Soy fotógrafa, cocinera y viajera, entretenida y para nada tímida”, dice el perfil de Paola, que tiene 26 años y muestra a cámara sus brazos con tatuajes. Las frases podrían ser de jóvenes que buscan pareja en una web de citas, pero no. Lo que ofrecen es amistad. Y la cobran por hora.

Internet ya permite desde hace años que quien no tuviera coche pudiera compartir el de un extraño; y que quien no tuviera donde dormir pudiera alojarse en la casa de un desconocido, en general a cambio de un pago. Con la misma lógica, los que no tienen con quien verse, conversar y salir a divertirse ya pueden “alquilar” la compañía de alguien disponible y que necesite ganar algo de dinero.

Polémicas aparte, la modalidad surgió hace unos seis años y viene creciendo. La propuesta es sencilla: permitirles a las personas, que por cualquier motivo estén solas, en su ciudad o en cualquier parte del mundo, encontrar a alguien simpático y comprarle “horas de amistad”, en efectivo o con tarjeta de crédito, para compartir todo tipo de salidas y actividades.
El contacto entre los que venden compañía y quienes la demandan se establece en plataformas online especializadas. La más grande del mundo es actualmente la estadounidense Rent A Friend, nombre que podría traducirse al español como “Alquila un amigo”. Scott Rosenbaum, el fundador de la empresa, ha explicado al diario argentino Clarín que los interesados en ser alquilados sólo deben postularse llenando un formulario en la página.


sábado, 16 de julio de 2016

ORLANDO, FRANCIA, CUALQUIER PARTE

Melvin Mañón
La falta de piedad, simpatía, conmiseración y solidaridad entre las personas de las grandes ciudades empuja a muchas de ellas a la soledad, la tristeza, la frustración, el abandono, la envidia, el rencor. Algunos de los que así viven se llenan de odio porque la felicidad o aparente normalidad de los demás los ofende. Se trata de gente que no tiene amigos o empleo, la mujer lo dejó, los hijos no lo quieren o no lo conocen o han cambiado demasiado para reconocerse en ellos. El vecino no sabe quién es ni le importa. Nadie le dice buenos días ni le brinda una sonrisa. Cada cual sabe que está solo, que no habrá una mano solidaria que lo ayude si pierde el empleo o enfrenta una desgracia, que no hay con quien hablar de las penas ni de los sueños, nadie escucha, todos viven sumidos en su propia rutina agonizante, embrutecedora, que aniquila el alma, destruye los sentimientos. 
No quiero vivir así piensa el individuo, no se vivir así, no puedo vivir así y un día, algunos de ellos que sienten que nada tienen que perder miran a los demás como culpables de su propia tragedia si no por comisión al menos por omisión, porque sus penas no le importan a los otros, a nadie y entonces, aislados, dolorosamente solos y desguarnecidos dejan de ver a esos otros como personas inocentes y el día que salen a matar gente no creen ni por un instante que están matando inocentes sino gente culpable, gente que dejó que la tragedia, la soledad y el abandono se abatieran sobre ellos. 
No hay que ser del ISIS, no hay que ser musulmán, no hay que ser fanático de nada ni de nadie aunque claramente también tenemos esa tipología. Lo que he querido significar y no espero que muchos lo entiendan es que, nuestra sociedad basura, vacía, egoísta, consumista y despiadada está desequilibrada y es desequilibrante. Fabricamos psicópatas al por mayor y algunos de ellos han encontrado que salir a matar a los “culpables” es mas gratificante que suicidarse solo y sin que de paso, los demás, o sea nosotros, nos enteremos de su desgracia, la que lo llevó a vernos como culpables y a castigar con la muerte a los que, ajenos a todo, entregados a su vida normal, terminaron en el sitio equivocado en el momento equivocado. Con estas matanzas, nos están diciendo todo lo mal que estamos todos pero como no escuchamos salen a matar a ver si así nos enteramos de cómo, cuando, cuanto y por que sufren, pero nosotros somos y estamos tan alienados que ni siquiera nos percatamos del mensaje. Ponemos la banderitas estúpidas, lloramos como estúpidos, denunciamos como estúpidos, ponemos las flores como estúpidos pero no tratamos de entender, no tratamos de cambiar y creemos que la policía debería protegernos y muchos gustosamente aprueban nuevas restricciones a la libertad que hemos dilapidado, a los derechos que hemos profanado al mundo de la sensatez y de la sensibilidad humana que hemos dejado atrás y no se si podremos recuperar.



martes, 5 de julio de 2016

Memorias de un anfibio: la modernidad liquida en Santo Domingo.

Alvin Reyes

Se ha hecho común entre los dominicanos la frase o expresión “aquí ya no quedan hombres” ante la mansedumbre demostrada por ellos mismos frente a todos los males que aquejan al país como la corrupción política, la delincuencia y demás males sociales ancestrales que venimos padeciendo. La expresión hace referencia, quizá, a nuestros antiguos héroes: los independentistas, los restauradores, los mal llamados gavilleros que combatieron al invasor de 1916, los expedicionarios del 1959, los caídos en Las Manaclas, los que combatieron junto al Coronel de Abril y los que, posteriormente, se inmolaron con él, hasta llegar a todos los muertos de los doce años del balaguerato y todo un largo etcétera en nuestra historia.

Este cambio de actitud de los dominicanos ha sido motivo de varias conversaciones que hemos tenido con diferentes personas y fue un tema que desarrolló Melvin Mañón en “Operación Estrella”. Como se ha logrado revertir el espíritu de lucha que siempre ha caracterizado al dominicano? Cuales mecanismos ha utilizado el sistema para contrarrestar dicho ímpetu? De que labor de “contrainsurgencia” se ha valido el gobierno para mantener apática a nuestra juventud? He tenido la certeza de que todo el proceso se inició con el modelo desarrollista de Balaguer en los años 70 y con todo el movimiento que surgió en el mundo occidental, durante la Guerra Fria, luego de las revueltas de los 60 de llevar al mundo una prosperidad basada en la minifalda, la píldora, el cine de evasión, la marihuana, etc.

Es en este momento cuando conozco al escritor Rene Peguero Rodríguez quien tuvo la gentileza de dedicarme un ejemplar de su novela “Memorias de un anfibio”…y zas! con esta novela he terminado de entenderlo.

Los personajes de la novela no son aquellos dominicanos atormentados por la política ni las luchas clandestinas de los cuentos de Marcallé Abreu. Los actores de “Memorias de un anfibio” son el arquetipo del hedonista. “El peje”, “La flaca”, “La china”, “Las gorditas”, Luis Alberto, “El barraco” viven sus días y sus noches en busca de los placeres de la carne, en busca de la diversión, el alcohol y el sexo fácil.

Son dominicanos iguales que los citados en el primer párrafo, acaso igual de patriotas. Tal vez tan o más dominicanos que los que alguna vez empuñaron un fusil para defender la bandera. Pero estos dominicanos del inicio de los 80 habían sido adoctrinados para desear otras cosas. Con conocimiento propio de la época Rene Peguero nos va llevando por inventario de marcas emblemáticas de la época, Jordache, Rebook, Marlboro, Johnnie Walker, esas marcas que te proveen de una personalidad a la altura de la época. También desfilan los héroes de la época Kaliman, el hombre nuclear, los comics de la época, etc. Así los dominicanos de entonces, y los de ahora más, procurando estar a la altura y poder ver la vedetto Ed Bachan en La fuente, el poder disfrutar de una noche de baile en Astromundo o Luiggis, no tenían tiempo ya para andar pensando en los problemas sociales y mucho menos en revoluciones. Aquellos dominicanos que unos años antes desafiaron el poder abarrotando el Palacio de los Deportes en la legendaria manifestación de “Siete días con el pueblo” ahora acudieron por miles a apoyar a su héroe, al “campeón de la bolita del mundo” Jack Veneno, en uno de los combates más épicos de la historia de la lucha libre en El Caribe, así de apoyar un grupo de artistas antisistema nos decantamos por aplaudir hasta el delirio a dos gladiadores en un combate de dudosa realidad.

“Memorias de un anfibio” es un recorrido sórdido por la vida de unos personajes cuyo único deseo y finalidad era llegar al fin de semana para salir a beber, a bailar, fumar marihuana, “ligarse” una pareja y hacer el amor hasta el amanecer. Tan detallado esta esta metamorfosis del pensamiento dominicano en esa época que en el único momento de la novela en que se menciona una gesta heroica el protagonista interrumpe y se lleva a bailar a quien habla quedando sepultado el 14 de junio bajo los acordes de un merengue de Johnny Ventura.

Le pregunté si ya no lo quería y me respondió que a él lo habían matado en los doce años de Balaguer porque era miembro del 14 de Junio. Yo, para cambiar el tema, la invité a bailar el merengue “La Agarradera”. [i]

No estoy seguro de las intenciones de Rene la ir escribiendo la novela, no le conozco lo suficiente para saber de si estaba siendo consciente de que su obra retrata el fin de la lucha por los valores y el inicio de una vida basada en la búsqueda perpetua de los placeres de la carne.

Nota: No soy crítico literario, ni esto es una crítica, mis inclinaciones van más cerca de la química, la filosofía, la historia y la sociología, esto es más el reconocimiento de un trabajo que, para nosotros, tiene el mérito que compartimos más arriba


[i]Peguero Rodríguez, René. Memorias de un anfibio. Editorial Santuario. 2014. Pág. 180

lunes, 20 de junio de 2016

LA AGENDA SECUESTRADA


Por Melvin Mañon
La gran contraofensiva teórica de los sectores mas conservadores de EEUU tuvo su máximo exponente en la Escuela de Chicago. Conceptualizada a raíz de la Segunda Guerra Mundial pero formulada y lanzada a mediados de los años 60 del siglo pasado, la reacción conservadora se centró en dos ejes y no se ha desviado de estos en ningún momento. Sea en Bilderberg, en Davos, en Bruselas, en la Brooking  Institution, el New American Century o Wall Street, los poderosos, temerosos del comunismo como alternativa y como instrumento de presión para forzar reformas democráticas, elaboraron una agenda y procedieron a aplicarla con rigor.

Primer eje: despojar de derechos, conquistas, beneficios y unos pocos privilegios económicos y legales adquiridos a los trabajadores de todo el mundo no comunista quienes habían alcanzado esos logros precisamente a causa del miedo que inspiraba a esos sectores conservadores la existencia de los países comunistas. Para esta etapa, esos sectores conservadores aplicaron a partir de los años 70, la llamada “shock doctrine” o “doctrina del choque” que fue inaugurada oficialmente con el golpe de estado de Pinochet en Chile. Con variantes, ajustes y retoques, con violencia donde hizo falta, con propaganda, con presiones suaves o fuertes aplicadas por los organismos internacionales, por los bancos y con la protección del Consenso de Washington el modelo se impuso en casi todo el mundo. Todavía, bajo la bandera del modelo neoliberal, este eje sigue vigente.

Segundo eje: perseguía desmontar el clima, las instituciones y los procedimientos democráticos, o lo que es lo mismo, el estado de derecho que había logrado consagrar ciertos niveles de seguridad ciudadana, respeto a la ley, libertades públicas y derecho de los pueblos a la autodeterminación. Para secuestrar primero y desmantelar después este entorno democrático, ha servido la “guerra contra el terrorismo” después del l 11 de septiembre de 2001 que las condiciones  de opinión pública, desmantelamiento de la oposición democrática y control mediático estuvieron maduras. El 9-11 en Estados Unidos, como implican numerosas teorías conspirativas una acción que desde muy temprano fue detectada por sectores conservadores, vía las agencias de seguridad las cuales tuvieron conocimiento de lo que se tramaba y pudiendo impedirlo dejaron que ocurriera de manera que pudieran justificarse todas las medidas de seguridad que vendrían a continuación o lo que es lo mismo, el desmantelamiento del estado de derecho, de las libertades públicas y del orden internacional.  Así tuvieron la excusa perfecta.

La “Doctrina del shock” y “la guerra contra el terrorismo” comportan como premisas condicionantes:

1.- la bancarrota del socialismo en la URSS y el desmonte de todo el campo socialista además de despejar el escenario de competidores geopolíticos crearon un vacío moral e ideológico todavía hoy no superado del todo. Aunque este es un proceso históricamente transitorio fue percibido presentado y transmitido como definitivo y final.

2.- la sustitución de todas las agendas nacionales de lucha democrática, revolucionaria o progresista que pasaron a la defensiva abrumadas por el poder mediático, por el poder político y por el control económico conservador. De repente la “revolución” dejó de tener sentido y futuro y el mismo vencedor se ocupó se suministrar y alentar otras causas en las cuales la gente de cualquier país pudiera ocupar su espíritu de lucha, su vocación de servicio e incluso un medio de vida.

Mientras el mundo fuera de la República Dominicana se acerca a una catástrofe alimentaria y humanitaria, mientras la isla se calienta como un fogón, mientras la inseguridad ciudadana causa estragos en la conducta y los autores del fraude electoral se apertrechan tras las defensas que a tales fines construyeron, muchos dominicanos progresistas están discutiendo si los transexuales deben entrar o no a los baños de hombres o de mujeres, si la homosexualidad es adquirida o genética, si la agenda LGTB es pertinente, si la educación sexual en las escuelas es apropiada, si la violencia de género esto y la violencia intrafamiliar lo otro. No sugiero ni digo que no sean problemas, que si lo son, simplemente, no son “el problema”.


viernes, 3 de junio de 2016

Alegoría de la manada y el rebaño

Alvin Reyes

El rebaño pasta mansamente, el pastor vigila. La manada olfatea el aire, siente el olor del agua y actúa en consecuencia.

El rebaño se siente seguro dentro de su cerca. No teme a los lobos, para eso están el pastor  y sus perros, para cuidarlas. La manada advierte el peligro y huye, defiende a los más pequeños, es aguerrida, no se rinde.

El rebaño sigue a la oveja que se le ha puesto la campana. Camina de manera automática siguiendo el camino de que traza el sonido de la campana, un camino que ha sido recorrido antes por el pastor y sus perros.

La manada sigue al líder, en quien confía, aquel que lleva sobre su pelambre las heridas de las batallas en defensa de la manada. El líder de la manada no ha sido puesto por nadie se ha ganado su jerarquía a base de gruñidos, mordeduras, coces y zarpazos.

El rebaño sigue los pasos de la campana de manera maquinal. La manada confía en su líder.

Y mientras pasta mansamente el rebaño ignora su destino. Pasta y no sabe que su destino esta sellado por los apetitos del pastor y su familia, de los precios de su carne en el mercado. El destino de la manada es incierto pero al menos está en manos de ellos cruzar el rio y ahogarse en el intento o llegar al otro lado y tener un pasto más fresco.

Nuestra civilización occidental postmoderna no es más que un rebaño. La oveja de la campana son los encantos de la moda y el mercado. Maquinalmente hacemos filas por días delante de una tienda o de un cine si detenernos siquiera a pensar si el articulo lo necesitamos o si la película vale la pena. Políticamente no somos capaces de elegir un candidato que llene nuestras expectativas votamos motivados por encuestas manipuladas. Día a día suscribimos verdades prefabricadas sin investigar mínimamente la autenticidad de la información.

Debemos recobrar el espíritu de la manada para que los de arriba nos teman. Tenemos que ser capaces de generar auténticos líderes que tracen un camino distinto, un camino alejado de los parámetros dictados por las apetencias del mercado. Una humanidad con el espíritu de una manada sería una humanidad irreductible.

Lamentablemente ese espíritu está languideciendo, somos zombies atadas a la pantalla de un ordenador si nos dicen Curry, gritamos Curry!! Si nos dicen Messi gritamos Messi!! Y si nos dicen que hay que coronar a la Clinton, la coronamos no importan unos cuantos emails borrados. Total somos obedientes.


Somos un rebaño adoctrinado pero algunos aun conservamos el espíritu de la manada y olfateamos el aire, oteamos el horizonte y saltamos el cerco…

viernes, 18 de septiembre de 2015

La maravilla de ser padres

Alvin Reyes 
                   
En “Vida Liquida” Zygmunt Bauman habla de una tendencia creciente en países desarrollados que se refiere a tratar la maternidad, la paternidad como una carga. Amelia Hill escribió un artículo titulado “ ¿Creías que los niños te harían feliz?. Pero, solo más pobre?”. Sugestivo título. En este artículo se habla de los avatares que le suceden a una ejecutiva de 31 años debido a que ella y su esposo después de tener un hijo se enfrentan a una tarea imponente y desconocida: sostener este nuevo estilo de vida en que “debemos contar hasta el último penique” y reconocen sentir  “envidia y resentimiento por el estilo de vida y bienestar de amigos suyos que, al no tener hijos, disponen de tiempo y dinero para hacer vida social y viajar” (1). Y esta tendencia parecer que con los años tomara mas fuerza.

Una especie se perpetúa con la descendencia. “Creced y multiplicaos” es el mandato divino. Entonces uno se pregunta: ¿a donde se encamina una sociedad, una civilización que primero piensa en lo económico, en el bienestar, en el “ser feliz” antes que participar en el milagro más grande que es dar, crear, proveer vida?. En algún momento nos desviamos del camino y nos hemos extraviados en una búsqueda de dinero y placer que nos ha hecho perder los sentimientos íntimos que nos hacen seres humanos. Las feministas me pueden matar por esto pero nada es más hermoso para mí que una madre. Tengo una madre, mi esposa es una madre, mi familia está llena de madres. Mujeres valiosas que han servido ser entes sociales, económicos y hasta políticos pero también han luchado por el cuidado de sus hijos.


Durante mis más de veinte años de paternidad he gastado una fortuna, he dejado de leer cientos de libros, he dejado de estudiar, me he perdido de conciertos, me he desvelado en noches de enfermedad, he tenido que trabajar turnos rotativos para ver mis hijos crecer. Y les voy  a decir algo: si los dioses me  preguntan si deseo volver atrás, les diré que si pero solo para volver a ser padre de nuevo. Ningún dinero, ningún viaje, ningún concierto, se puede comparar con la maravilla de ser padres. Pero para entender esto tienes que ser más humano. Si solo piensas en el dinero y en  tu posición social quédate así. Pero te auguro que cuando pasen los años y tengas una cuenta abultada de dinero pero ya no tengas los bríos para viajar y bailar pasaras tu navidad, tu “thanksgiving”, tu cumpleaños solo y nadie te traerá ni siquiera un amargo pedazo de pastel.


(1) Bauman, Zygmunt. Vida Liquida. Paidos. Pág.137